gloriana

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¿Cómo es la gente?
Un joven recién llegado a un pueblo preguntó a un anciano que estaba con su nieto: “¿Cómo es la gente que vive aquí?”.
El anciano le respondió con otra pregunta:
”¿Cómo es la gente del lugar de donde vienes?”
El joven le dijo: “Muy egoísta, envidiosa y vengativa”.
El viejo replicó...”Pues esa misma gente encontrarás aquí”.
Más tarde llegó otro joven que hizo la misma pregunta que el anterior:
“¿Cómo es la gente que vive aquí?”.
El anciano le hizo la misma pregunta: “¿Cómo es la gente del lugar de donde vienes?” El joven le contestó: “Confiable, amable, justa, y con mucho amor para los demás...”
A lo que el anciano contesta: “¡Pues esa misma gente es la que encontrarás aquí!”.
El nieto del anciano preguntó entonces:
”¿Por qué has dicho eso abuelo?”
A lo que su abuelo le respondió:
”Cada cual crea su ambiente externo con lo que sale del interior de su corazón, y por su forma de percibir las cosas...”.
De esta historia se puede extraer una gran enseñanza:
”Encuentras lo que buscas”. Muchas personas se quejan de que los tratan mal, que en este mundo no hay personas buenas, que no se puede confiar en nadie. Y sin embargo muchas otras dicen que todos los tratan bien, que en el mundo hay personas buenas, y que se puede confiar en los demás si se les da la oportunidad.
¿Por que sucede esto? Pues bien, todo depende de la forma en que mires a los demás, pues si buscas sus errores, eso verás; sin embargo, si buscas sus virtudes... ¡Eso verás!
Autor desconocido / Aportación: Aída Medina, Puerto Rico.
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Belier

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gloriana escribió: ¿Cómo es la gente?
Un joven recién llegado a un pueblo preguntó a un anciano que estaba con su nieto: “¿Cómo es la gente que vive aquí?”.
El anciano le respondió con otra pregunta:
”¿Cómo es la gente del lugar de donde vienes?”
El joven le dijo: “Muy egoísta, envidiosa y vengativa”.
El viejo replicó...”Pues esa misma gente encontrarás aquí”.
Más tarde llegó otro joven que hizo la misma pregunta que el anterior:
“¿Cómo es la gente que vive aquí?”.
El anciano le hizo la misma pregunta: “¿Cómo es la gente del lugar de donde vienes?” El joven le contestó: “Confiable, amable, justa, y con mucho amor para los demás...”
A lo que el anciano contesta: “¡Pues esa misma gente es la que encontrarás aquí!”.
El nieto del anciano preguntó entonces:
”¿Por qué has dicho eso abuelo?”
A lo que su abuelo le respondió:
”Cada cual crea su ambiente externo con lo que sale del interior de su corazón, y por su forma de percibir las cosas...”.
De esta historia se puede extraer una gran enseñanza:
”Encuentras lo que buscas”. Muchas personas se quejan de que los tratan mal, que en este mundo no hay personas buenas, que no se puede confiar en nadie. Y sin embargo muchas otras dicen que todos los tratan bien, que en el mundo hay personas buenas, y que se puede confiar en los demás si se les da la oportunidad.
¿Por que sucede esto? Pues bien, todo depende de la forma en que mires a los demás, pues si buscas sus errores, eso verás; sin embargo, si buscas sus virtudes... ¡Eso verás!
Autor desconocido / Aportación: Aída Medina, Puerto Rico.
Hola Gloriana: Gracias por tu relato.
Es cierto que podemos extraer una gran enseñanza.
De hecho, para mí, esa es una de las principales lecciones que sé que tengo que aprender.
Ahora lo que tengo que conseguir es llevarlo a la práctica. estoy en ello.
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gloriana

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Escribo para agradecer tu visita
Escribo para agradecer tu visita. Aunque en nuestros días ya no se estila escribir cartas, igual te haré llegar ésta en la primera oportunidad.
Lo que recuerdo es que estaba con Miguel mi marido y mis hijos en un restaurante que sirve de parada nocturna del bus que viaja desde Santiago al sur. El local estaba en una esquina y grandes vidrieras separaban las ordenadas mesitas del interior de un amplio estacionamiento dispuesto para recibir buses y automóviles durante toda la noche.
Miguel se había adelantado y estaba en el interior del establecimiento. Mis hijos estaban a la vuelta de la esquina platicando con otros jóvenes. Yo me había quedado un poco atrás, y me aproximé a una de las ventanas para buscar con la mirada a mi esposo. Me acerqué al amplio cristal y vi mi propia imagen reflejada en la superficie. Llamó mi atención descubrirme el rostro sin maquillaje (acostumbro ponérmelo antes de salir de casa) y mis cabellos más largos. Instintivamente llevé mis manos a la cabeza y allí me di cuenta que en realidad lo que miraba era el reflejo de tu rostro. Estabas de pie un poco más atrás. Sonreías alegremente. Retrocedí un poco y pude verte, llevabas una chaqueta blanca y jeans. En tu juvenil rostro destacaba una sonrisa franca y la juventud de los dieciocho años. Tu larga cabellera caía sobre los hombros, tal como la usé hace muchos años. La confianza fluía alrededor de tu persona. Cuando te reconocí como la imagen que me observaba desde el espejo en la juventud, mi primer impulso fue conducirte junto a mis hijos que conversaban animadamente a unos pocos metros o encaminarte al interior del restaurante para enseñarte a mi marido. Te limitabas a sonreír. Me puse un poco nerviosa, ansiosa por llevarte junto a ellos para que te viesen o tal vez para que tú los conocieras, mostrarte las personas que formaban mi familia, quiénes eran y lo que habíamos logrado desde que nos separamos hace tantos años.
Te limitabas a mirarme y con lentitud me dijiste “Tranquila, no te preocupes”. Sólo con tu mirada entendí la profundidad de esas palabras.
Por tus ojos supe que ya los conocías, y los conocías muy bien. También estabas al tanto de lo que había hecho con mi vida en estos años y lo aprobaste con una sonrisa. “Tranquila” también significaba que no debía estar afligida. Tú estás conmigo.
De pronto pensé que venías a avisarme acerca de mi partida y te lo pregunté con un poco de expectación y sin miedo alguno “¿Es mi hora?”. Negaste con un leve movimiento de cabeza.
Con un amplio gesto de cariño apoyaste un brazo sobre mis hombros y caminamos un trecho juntas. Desde ese momento comprendí que siempre habías estado conmigo.
Hoy camino confiada y muchas veces puedo sentir que tu abrazo protector me rodea. Por ello vuelvo a repetirlo, agradezco tu visita y la confianza al mostrarme tu rostro afable. Ahora sé que siempre estás conmigo y puedo confiar en tu lealtad, hasta el fin de mis días.
Clementina D´Cantel.
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gloriana

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Del otro lado de los sueños...
Juan Cárcamo Romero
¿Cómo es la vida del otro lado de los sueños?- preguntó ella casi en un susurro cerca de su oído.
El tren en que viajaban corría sobre la superficie de un océano resplandecido por las estrellas que iluminaban el cielo. El se quedó mirando el reflejo de su rostro que se confundía con los destellos del mar tratando de encontrar una respuesta.
Esa noche, como todas las noches, se había dormido con la ansiada esperanza de volver a encontrarla en sus sueños y aunque el esfuerzo por no dejarse arrastrar por paisajes de la infancia y otros recuerdos era considerable, finalmente se alivió cuando escuchó el ruido acostumbrado de las ruedas metálicas sobre las vías.
Viajaban en un tren completamente iluminado, como el que veía muchas veces en su camino de regreso a casa. Y ella estaba sentada a su lado, sonriente y radiante como la recordaba en otros sueños.
-¿Cómo soy yo del otro lado de los sueños?- volvió a preguntar ella sin esperar respuesta a la primera pregunta.
- Eres distinta- respondió él. -Ya no habitas los mundos mágicos que alguna vez creamos y siento que cada día que pasa te vas alejando mas y mas en una distancia que se hace infinita. Es por eso que sigo buscándote en cada sueño porque se que aunque todo esto es pasajero, es hermoso vivirlo mientras dura porque no hay distancias de años ni de montañas entre tu reflejo y el mio.
Ella se acercó a la ventanilla y dejó que su aliento tibio empañara un pedazo del cristal. Entonces con un dedo dibujó en él un barco.
-¿Te acuerdas? - preguntó sonriente.
Su mente se extravió por calles y cerros llenándose de poesía al tiempo que también sonreía moviendo afirmativamente la cabeza.
El andén estaba desierto cuando descendieron del tren y la luz del Faro que habían construido en muchos otros sueños apenas se divisaba en medio de la niebla.
Un sonido monótono y persistente se escuchó de pronto
-No quiero despertar - suplicó él mientras caminaban presurosos hasta el Faro.
Pero ella se detuvo para sentarse en una roca de un costado del camino. Miró sus manos y tocó su rostro.
-Creo que ya estás despertando - le dijo sin dejar de sonreír- mira como empiezo a desvanecerme al igual que los caminos y todo lo que aquí hay.
El trató de retener ese lugar, tomarla de la mano y evitar que se confundiera con la niebla, pero finalmente el sonido del reloj terminó por borrar todos los caminos y apagar la luz del Faro, como ocurría inevitablemente todas las mañanas.
El día tendría que pasar con su rutina cotidiana, rápido, muy rápido hasta que nuevamente un tren iluminado irrumpiera en sus sueños...como todas las noches.
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nieve

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gloriana escribió: Te he echado en falta, nieve, pensaba que nos leías pero que no entrabas. El norte no sé...pero lo que no tienes que perder de vista es el foro...aquí estoy para lo que quieras. Un besazo. 
la verdad te agradezco tu amabilidad conmigo ,,,, si la verdad es q ando perdida o siempre lo he andado ,,no se ,,,, y con estas lecturas encuentro lo q me olvido a menudo ,,,, gracias ,,,, y ,,, no se q decir solo q ,,,,, me alegra saber q hay gente como tú ,,,, besiños
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nieve

Mensajes: 456

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Belier escribió: Hola. Gracias Nieve y Gloriana.
[b ]LAS RANITAS EN LA CREMA[/b]
Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema.
Inmediatamente sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar mucho tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente pero era inútil, sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sintieron que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar.
Una de ellas dijo en voz alta:
—No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta materia no es para nadar. Ya que voy a morir, no veo para qué prolongar este dolor. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril.
Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
La otra rana, más persistente o quizás más tozuda, se dijo:
—¡No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que llegue mi hora.
Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro. ¡Horas y horas!.Y de pronto... de tanto patalear y agitar, agitar y patalear... La crema, se transformó en manteca.
La rana sorprendida dio un salto y patinando llegó hasta el borde del pote.
Desde allí, sólo le quedaba ir croando alegremente de regreso a casa.
Recuentos para Demián (Los cuentos que contaba mi analista)
Jorge Bucay
Vaya, parece que últimamente me ha dado por las ranas...
De todas formas, cuando esté "pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro. ¡Horas y horas!", intentaré acordarme de la ranita que salió del bote.
Saludos.
hola ,,,gracias ,,,, yo tb debo recordar eso ,,,,a menudo me siento asi pataleando siempre en el mismo lugar ,,, pero por mi estrellita ,,, seguire hasta q el cuerpo aguante ,,,, besiños y q todo os vaya bonito ,,,,
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nieve

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gloriana escribió: Las estrellas fugaces.
--¿Qué son las estrellas fugaces?, preguntó desde el asiento trasero del auto mientras miraba por la ventana el cielo regado de puntos luminosos.
Pensé en que respuesta darle a mi hija de 8 años...
--Son pedacitos de estrellas que se caen, le respondí frunciendo un poco el ceño esperando la siguiente pregunta.
--¿Y qué son las estrellas? insistió ella.
--Son estrellas fugaces que aún no se han caído, le respondí.
Se quedó en silencio escudriñando el cielo durante un rato...
--¿Y porqué hay tantas estrellas fugaces que no han caído?.
La miré por el espejo retrovisor.
--Porqué están pegadas al cielo...
--¿Y el sol y la luna también están pegados y por eso no caen?.
--Si, tal vez sea esa la explicación, respondí un poco cansado.
Hubo un largo silencio mientras el viaje de regreso de Valparaíso continuaba. Traté de encontrarla en el espejo retrovisor pero no la veía. Pensé entonces que se había dormido y bajé el volumen de la radio.
El cielo definitivamente estaba plagado de estrellas y pensé que quizás nunca mi hija lo había visto de esa forma. Recordé mis viajes a Chiloé y el paso por el canal de Chacao durante las noches. Miles de estrellas cubrían el cielo y más de una vez vi caer estrellas fugaces en ese trayecto.
Estaba en esos pensamientos cuando de pronto esa vocecita aguda volvió a la carga.
--Los grillos no son verdes...¿verdad?
Me quedé un rato buscando la respuesta...
--No, en realidad son de un color anaranjado, respondí un poco en duda del verdadero color de esos insectos.
--¿Y porqué el Pepe Grillo es verde?...
--Tal vez porque él es de un tipo de grillos verdes...
--Ah, exclamó sin mucho convencimiento.
Otro período de silencio...
--¿Y porqué los grillos sólo se escuchan y nunca se ven?
--Porque en una de esas le tienen miedo a la gente y prefieren cantar escondidos.
--¿Y porqué no he podido ver ninguna estrella fugaz en todo este rato?
De pronto pensé en la magia que se había dado en ese viaje y le respondí:
--Porque eso nos ha permitido hablar de todas estas cosas y vivir en este viaje un momento de magia tú y yo.
Al cabo de un rato el silencio se hizo más largo y las preguntas cesaron. Miré hacia el asiento trasero y mi hijita dormía plácidamente, mecida por el movimiento y el sonido del auto. Tal vez en sus sueños se despegaba el sol y la luna y ambos caían del cielo como dos grandes estrellas fugaces dirigidas en esa caída por un enorme grillo verde.
Juan Cárcamo Romero.
me parece tan lindo este cueento ,,,, yo tb hablo de las estrellitas con mi hija ,,, y me gusta q me haga preguntas y sentirla alegre conmigo,,,, besiños
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