Gloria

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Como otras veces salió a pasear por la playa. Era el único lugar que la relajaba, que hacía que se olvidara de todo y de todos. Las olas rompían en una larga melena de espuma blanca y la brisa del mar repleta de sal la hacía respirar con placer. Las gaviotas teñían la tarde con sus alegres chillidos. Y en el horizonte el sol empezaba a bajar para ocultarse. Los días eran aún muy cortos y las puestas de sol sólo duraban unos minutos.
A lo lejos lo vio en el lugar de siempre. Con su caña pinchada en la arena, sentado en un banquillo, con una gran cesta de mimbre a su lado. Fumaba dando caladas largas, y el humo se iba presto deshaciéndose al instante. Sus manos de dedos largos y nudosos, ponían cebo al anzuelo de la otra caña, y cuando terminó ajustó la distancia de la plomada. Quitó el seguro al carrete, echó la caña hacia atrás y con un fuerte impulso la tiró al mar. Luego tranquilamente fue recogiendo el sedal hasta que lo dejó tensado y acercó la caña hasta el soporte que la ajustaba en la arena.
-Buenas tardes. ¿Pican hoy?
-Ya ve, señorita, mire en la cesta, he sacado una lámpara de esas que parecen que tienen un genio dentro, pero lo que se dice pescar, pues hasta el momento no ha habido suerte.
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esra

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-Buenas tardes. ¿Pican hoy?
-Ya ve, señorita, mire en la cesta, he sacado una lámpara de esas que parecen que tienen un genio dentro, pero lo que se dice pescar, pues hasta el momento no ha habido suerte.
Esta es mi última carnada, voy a lanzarla lo más lejos que pueda, hasta ahora, lanzando aquí cerca ni han picado.
Luís coge la caña con ambas manos, una a la altura del carrete con el sedal entre el dedo índice y la otra mano en la base de la caña, suelta un poco de sedal, unos dos metros de la punta de la caña hasta el plomo. Mira que la carnada esté bien sujeta al anzuelo, y lanza la caña hacia delante con todas sus fuerzas, soltando al mismo tiempo el sedal de entre el dedo de la mano derecha y sujetando la caña fuertemente con ambas manos para que no se le escape.
Con la vista sigue la plomada hasta que se hunde en el mar, dejando salir libremente todo el hilo. Cuando calcula que la plomada ha llegado al fondo del mar, tensa con el carrete el sedal, y planta la caña. Se limpia las manos con un trapo, mientras observa como la señorita que le había preguntado por la pesca le estaba observando. Coge un cigarrillo para ofrecérselo, pero se estaba marchando, reanudando su paseo matinal por la playa de Puntales.
Vaya, hoy no es mi día, hasta el momento no he tenido suerte. Tal vez cambie mi suerte con esa última carnada.
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hacherita

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Unas montañas... y arriba,cerca del lago,una pequeña casa que me servía de refugio cuando iba a pescar y a desconectar de la vida que llevaba...horas interminables de trabajo y compromisos sociales derivados del mismo.Solo me quedaba tiempo para unas escasas horas de sueño.
Este fin de semana venía largo,ya que se hacía puente y yo me había propuesto no dejar pasar de largo la oportunidad de aislarme de todo durante esos días.
Conducía despacio,no solo por la mala carretera,sino por el placer que me producía la vista de todo lo que iba a poder saborear en la soledad mas absoluta.Me recorrió un escalofrío,anticipando esa sensación de liberación,antes de llegar siquiera a parar el coche y bajarme.El aire limpio de la montaña entraba en mis pulmones,llenándome de una euforia que me impulsó nada más dejar la pequeña maleta dentro de la casa a salir con los aparejos de pescar en dirección al lago.Al llegar lo primero que hice fue sacar la carnada y preparar la caña,tiré el hilo y me dispuse a esperar a que picasen.
En mi mente perduraba todo lo sucedido el día anterior a mi partida,y dejé vagar mi pensamiento recreando el encuentro con Lola,una chica con la que estuve hacía unos años y que me dejo unos recuerdos imborrables.Yo estaba loco por ella pero no me decidía a dar un paso más en nuestra relación,hasta que se cansó de esperarme y se largó dejándome con la sensación de ser un imbécil por haberla dejado escapar.Había estado tentado de llamarla en muchas ocasiones para quedar a tomar un café,sin tener muy claro,si lo que buscaba era ver si ella había cambiado y ya no era esa mujer que durante esos años había sido incapaz de olvidar...La que con solo su mirada,solo con aquellos preciosos ojos verdes, despertaba el deseo de hacerla mía,y a la vez,según cambiara su mirada,lograba que esos deseos se transformaran en ternura y solo quisiera guardarla del mundo,guardarla del dolor que en algunas ocasiones asomaba en ellos.Aquellos ojos...
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mencar

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Su pasión era su pequeño huerto.Lo cultivaba con mimo,como si le fuese en ello la vida.Y la verdad es que se veía el amor que ponía mirando aquella amalgama de colores:rojos,verdes,naranjas,morados...un arco iris de hortalizas.Sus horas se deslizaban lentamente entre tomates,lechugas,zanahorias...pero no le importaba porque ya nadie le esperaba...Su mujer murió hacía unos años y los chicos no volvían muy a menudo al terruño... En el pueblo todos le apreciaban y le compreban alguno de sus productos...más que nada por ayudarle...Se sacaba unas perrillas que,claro está,invertía en nuevas semillas...Una mañana,despues de una tremenda tormenta,se levantó presuroso a ver los daños en su querido huerto...Sus ojos se inundaron de lágrimas...no podía creer lo que estaba viendo...El esfuerzo de tantos años,su entrega diaria,su amor hacia la tierra,su huertecito...¡¡¡ milagrosamente se había salvado !!!...Los fuertes árboles frutales,habían entrelazado sus ramas para proteger el tesoro de Juan...La lluvia cayó con menos fuerza pues los vigorosos árboles la habían frenado...Era su agradecimiento al hombre que tanto los amaba...Juan sintió un aire de agradecimiento que flotaba a su alrededor:parecía que sus frutos le sonreían...
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esra

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Se puso la escalera sobre el hombro, con la mano derecha cogió las tijeras de podar. En el cinto llevaba las pequeñas, para las ramas delgadas. En el día de ayer fue al garden y compró unas tijeras de podar grandes, con mango teleférico, necesitaba una buena herramienta para cortar las ramas algo gruesas, para las ramas grandes ya disponía de un serrucho afilado.
Los frutos de la temporada anterior habían sido generosos, los árboles estaban sobrecargados de ramas, y además estaban los árboles del jardín, todo el fin de semana estaría ocupado podando los distintos árboles, ornamentales, los del jardín: Laureles, ficus, moreras, un pino que molestaba una rama, rosales y arbustos de toda índole, dos carrascas y un alcornoque. En la parte trasera de la vivienda disponía de treinta árboles frutales, como naranjos y mandarineros, manzanas y peras, nísperos, una parra y un enorme nogal.
Cuando llegó con la escalera y demás pertrechos al comienzo del primer árbol y los descargó en el suelo, pensó en el esfuerzo que le quedaba por hacer. Moviendo la cabeza negativamente, sacó el móvil del bolsillo, ese móvil inseparable, y marcó un número, mejor dicho, no lo marcó, eligió un número de su agenda y llamó.
Fue casualidad o no, la cuestión es que a los cinco minutos llegaron dos jardineros y empezaron con la tarea que Juan se disponía a iniciar.
Eso sí, tres fueron los podadores que dejaron listos para un nuevo ciclo, a todos los árboles.
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Gloria

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Si miras a través del cristal, pegando tu cara al lado izquierdo completamente, y aplastando la nariz todo lo que puedas, verás las callejuelas que saliendo de la plaza se encaminan al cementerio. Son dos, ¿Consigues verlas?... Pues en noches como estas por allí no pasa nadie. Y eso que son céntricas, como muy bien puedes ver. Y que están bastante alumbradas, con una farola cada 4 casas, que si pasearas por ellas verías tu sombra reflejada en el suelo por seis o siete veces, de toda la luz que hay allí. Pero... Esas callejas están malditas. Las maldijo él el mismo día que lo mataron, y la calle se cubrió con el rojo de su sangre. Dicen las abuelas que su lamento perduró rebotando en las esquinas durante varios días. Que daba escalofríos oírlo. Y mientras, la Nena Cana, se tiraba del pelo y se lo arracanba de pena, rabia y frustración. Y eso que nadie le había avisado de lo que pasaba con él. Que cuando fueron a decírselo ya se la encontraron así. Y se te rompía el corazón de ver tanto sufrimiento en su mirada. Ya ves, ese fue el trágico final del hombre más guapo del pueblo: cosido a puñaladas por los celos de Don Mario, el cacique de la región. ¡Mala puñalá le den a ese mal nacido!
Sólo cuando la luna entra en su nuevo ciclo, las callejuelas dejan de ser tan tétricas y la vida vuelve a ellas. Y sólo entonces el lamento de él deja de rebotar por las esquinas.
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BlueShadow

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No soportaba sus lamentos. El sollozo, la mirada perpleja, atónita, la pregunta no hecha “Quién mierda eres y cómo has podido hacerme esto a mi?” Lo había visto decenas de veces, y cada vez le asombraba no sentir absolutamente nada por ellos. Comenzó a vestirse, riendo internamente al ver donde habían ido a parar sus prendas en el frenesí del desviste. Cogió el vaso sobre el aparador, estudió su reflejo en el cristal y bebió lo último del escocés que quedaba. En pocas horas estaría en vuelo de regreso a su otra vida. La vida que desde hace unos años dejaba atrás por una semana y a través de un océano. Pero para esos pensamientos habrá harto tiempo durante el viaje.
Volvió a la cama donde el tipo todavía atado y algo herido no paraba de hacer demandas y amenazas estúpidas. Lo miró por última vez, complacida con lo apuestos que los elegía, y se inclinó a darle un beso en los labios, saboreando el poco de sangre que aún había en ellos.
“Prometo que serás el último”, le murmuró al oído, más para ella misma que para él. “Ya no te preocupes, alguien vendrá por ti”. Se levantó y con su dedo recorriendo el cuerpo del que se había adueñado anoche comenzó su partida. Sí, la noche de Barcelona le había dado muy buenos resultados. Quién sabe qué lugar elegiría el año entrante.
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Gloria

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El calor era insoportable y el silencio de la casa opresivo. Se oía el vuelo de una mosca fascinada con el roce del cristal de la ventana. Todos dormían la siesta. Tenía prohibido de forma reiterativa que no hiciera ruido hasta que no se levantaran. Se aburría mortalmente. Entonces el recuerdo de "la mora" se hizo presente. Salió al patio de puntillas, silenciosa como un gato. El patio era puro fuego a esa hora de la tarde, Sultán, echado en el suelo dormitaba a la sombra del naranjo. El pozo estaba esquinado, cercano a la puerta que daba al leñero. Se iba acercando a él despacio, con cautela, temerosa de lo que iba a hacer. Le habían dicho tantas veces que no se acercara a él que la tentación de hacerlo era demasiado fuerte. ¿Cómo sería la mora que vivía allí dentro? ¿Esa que se tragaba a todos los niños que se asomaban al pozo? Era el momento de descubrirlo, todos estaban durmiendo.
El brocal no era muy ancho, y cuando se acercó a él el borde le llegaba al pecho. Su corazón latía con fuerza y su cuerpo sudoroso apreció la frescura que subía del interior del pozo. Se asomó pero solo vio la pared de piedras desiguales que formaban el interior, pero no lograba ver el agua. Se puso de puntillas y vio que las piedras estaban mojadas, pero seguía sin ver el agua. Buscó dónde subirse y vio un macetón que su padre usaba para sembrar semillas y que ahora estaba vacío. Lo acercó al brocal y se subió a él.
La negrura del agua le devolvió su imagen reflejada en la superficie. Era como un espejo de lo quieta que estaba. Buscó algo para tirar dentro pero no vio nada. Así que tiró una saliva. Las ondas que hizo el agua eran muy bonitas. Tiró otra saliva y entonces le pareció ver algo anaranjado que se hundió rápidamente. ¿Sería la mora? Siempre se la imaginó negra como la noche. Se quedó mirando fijamente al agua, se inclinó más para poder ver mejor. Algo brillaba en el fondo. Se volvió a inclinar y perdió el equilibrio hasta caer dentro del pozo.
El calor era insoportable y la casa seguía durmiendo en el silencio opresivo de la muerte.
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BlueShadow

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Le restaban solamente cincuenta metros pero ya no tenía más fuerza para continuar. El calvario que había vivido las últimas dos semanas había puesto a prueba su fortaleza mental y física. Las acusaciones, el interrogatorio, la violencia emocional, las dudas y la falta acumulada de sueño la habían convertido en autómata, despojada de expresión y voluntad propia. Y, sin embargo, aquí estaba, en el portal, y en poco tiempo todo aquello quedaría atrás para siempre, si tan solo pudiese mover sus piernas.
Miró a su alrededor. Rostros y cuerpos extraños. Hombres y mujeres sin nombre. Por qué la miraban? Quiénes eran? Acaso la conocían? Sintió terror. Su corazón latía con tanta violencia que las palpitaciones eran visibles a lo largo de su cuerpo. Su piel, sudorosa y fría había cogido un aspecto pálido y enfermizo que de seguro llamaría la atención de algún observador y por un momento pensó en huir, si tan solo pudiese mover sus piernas.
Llevaba algo pequeño en sus manos. Ya no se acordaba qué era ni por qué estaba allí pero tan fuerte lo apretaba que seguramente alguna importancia tenía.
Movimiento. Alguien la arrastraba del brazo, lentamente. El eco en aquella nave tenía una calidad casi onírica, eco de pesadillas, como saliendo de una anestesia. Y qué era eso que oía en el fondo? Música? Violines desafinados, sonidos discordantes. Otro paso más. Y otro. Seguía avanzando. Intentó mirar a la persona que la impelía a continuar. Quién era ese hombre? Qué hacía en este lugar? Sintió pánico y todo comenzó a girar lentamente. Oyó que alguien hablaba pero no lograba distinguir lo que decía. Palpitaciones, sudor, y en un instante nada. Absolutamente nada. Silencio. Paz. Ya no sentía su cuerpo.
Volvió su mirada hacia la izquierda y vio a sus padres, sonriéndole con brazos abiertos. Que jóvenes se veían. También estaban allí sus abuelos, todos, sonriéndole con brazos abiertos. Y le habían traido a Bruja, su gata de cuando era niña!! Qué felicidad!!! “Ven para aquí Brujita, donde has estado?” Y la cogió entre sus brazos abrazándola bien fuerte.
“…hasta que la muerte os separe?” Esa voz otra vez. Fue lo último que escuchó y siguió caminando hacia la luz.
(qué morbo, de verdad no se de donde me sale esto, pero allí pues...)
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hacherita

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Luz,es lo que pedía a gritos,gritos silenciosos que solo eran oídos por mi mente ...no soportaba mas esta crueldad,este juego en el que era solo una marioneta empeñada en romperlos,en deshacerme de ellos y vencer...imposible,cada segundo que pasaba veía mas cerca el momento de la rendición,del desastre...ese momento en el que por fin caería arrodillada en el suelo,vencida por mi misma,por mi compulsion y mis deseos exacerbados,por la angustia y el dolor...
Ya había vivido demasiados engaños,me habían fabricado muchos sueños,muchos hombres me habían tenido,obsesionada con vivir un amor que no podía hallar,enferma y asqueada había llegado el momento de poner el punto final a todo ese mundo ficticio y cruel en el que yo misma me había metido.
La primera vez que me di cuenta de lo que pasaba debí decir basta,pero un impulso autodestructor me impulsaba a seguir con el engaño al que me sometían...y yo permitia...
Ya no más.Al fin,pensé,una huida podría ser una victoria en este caso....pero algo en mi mente me dice ...no,aún no,no dejes de luchar...hazte más fuerte,pelea,da la cara,y aprende a decir NO.
Esa va a ser mi lucha ahora,no voy a dejar que nada ni nadie me diga que es bueno y que es malo...nadie mas,nunca mas.
No soy fuerte...lo sé...pero quizá estoy equivocada,he llegado hasta aquí,y sigo viva.
He sobrevivido a vientos y huracanes y,si,estoy arrasada por dentro,pero sigo de pie y voy a dar batalla,voy a vivir...ya no quiero solo sobrevivir...NO,ahora quiero vivir .
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